domingo, 2 de diciembre de 2007

Fiel Paciente



"En la antigua China cuando se dejaba de pagar al medico
En el momento en el que el paciente enfermaba".

Puede que suene demasiado enfermo para ser cierto, y aunque lo ha escuchado demasiadas veces, “es mejor prevenir que lamentar”; porque hoy, sin duda, nuestros padecimientos sólo favorecen a las compañías farmacéuticas, que se dedican frívolamente a volvernos sus dependientes. Éstas, nos tratan como números, estadísticas, síntomas, casos clínicos, dejando de lado y olvidando que tras esa enfermedad hay seres vivos que sufren; he aquí un claro ejemplo de cómo los intereses capitalistas son opuestos a los de los seres humanos. Cuando la dolencia humana se convierte en un negocio se vulnera uno de los derechos fundamentales de todo ser: la salud.

La industria farmacéutica que se nos presenta como un benefactor de la humanidad, al mismo tiempo se destaca como uno de los más grandes negocios del planeta, cuyo propósito es incrementar las ventas de las drogas farmacéuticas para las enfermedades en curso y encontrar nuevas para el mercadeo de las drogas ya existentes, por este motivo la cura o prevención no está en sus intereses, solo el alivio, la posible erradicación de alguno estos males inevitablemente destruiría este mercado multi-billonario que está solventado con las drogas de prescripción. Estas industrias gastan el doble de dinero en publicitar sus productos del que invierten en la investigación real de los mismos, asociadas con tramposas campañas de publicidad, les dan a millones de personas y consumidores enfermos, en todo el sentido del término, falsas esperanzas con fármacos que crean dependencia, serios efectos colaterales o nuevas patologías; reclaman ser el único remedio, generando en las masas miedo a las enfermedades: nos obligan a comprarlos.

Como parte de las investigaciones, luego de pasar pruebas en laboratorios y animales, se realizan ensayos clínicos en humanos, infame mecanismo que se da cada vez más en los países en desarrollo, donde las compañías reclutan a personas no informadas, sometiéndolas a la experimentación de nuevas drogas frecuentemente sin su consentimiento explicito, los pacientes son convencidos sin contratiempos por un minúsculo pago, con información no detallada y el uso de un lenguaje técnico médico complicado. “La mayoría de los pacientes firma sobre la línea de puntos sin entender la naturaleza y las consecuencias de lo que se les está administrando” dice el Doctor Shashank Joshi (India), país en donde se desarrolla la mayor cantidad de estos abusos. A pesar de que los beneficios para la salud deberían ser universales las cifras de este negocio no lo son, en algunos países subdesarrollados más del 80% del precio que pagan los estafados consumidores es por derechos de importación, impuestos y costos de distribución y venta. El costo de un mismo tratamiento de tuberculosis viene siendo alrededor de 500 horas de trabajo en Tanzania, 100 en Zimbabwe, 20 en Tailandia y 1,4 en Suiza.

Sin menospreciar la medicina convencional como proceso histórico finalmente en beneficio del hombre y porque es verdad que mucha gente sobrevive gracias a ella, tendríamos que crear conciencia acerca de los insumos que ingerimos, es fácil ser engullidos por los medios y caer en el comercio de la salud; A quien le confiamos nuestra vida y nuestro dinero cuando nos enfermamos? Teniendo en cuenta las terribles implicaciones de las metodologías farmacéuticas, y conociendo que existen varias culturas milenarias que nos ofrecen terapias naturales y porque justamente lo entregamos todo, a esta industria que sólo puede existir si sus productos fallan para curarnos o sanarnos...

es un acto de supervivencia.

morgana

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